La propiedad intelectual de los docentes y su hueco en la actualidad

Chicos, me han pasado los apuntes de un alumno de esta asignatura del año pasado y están súper completos.” Muchos estaremos familiarizados con este mensaje en el contexto, sobre todo, de alumnos de educación superior. Era algo que alegraba el inicio de una materia, en concreto si esta era un conocido “hueso”, porque toda ayuda era poca ante un panorama desolador con te encontrabas al entrar en una clase y observabas que un porcentaje muy alto de los que ocupaban las sillas eran desconocidos y más mayores que tú.

A muchos se nos puede venir a la mente eso que en ocasiones se llamaba “tráfico de apuntes”, como si fuera la actividad más ilegal que podías realizar como estudiante. No exageramos al decir que esta práctica es tan antigua como la propia universidad, pero los métodos para realizarla han ido cambiando a medida que la tecnología también lo hacía.

Ahora nos llegan a través de un PDF en el grupo de WhatsApp de la clase o mediante un adjunto en un email. Pero si nos vamos movemos unos años más atrás, llevabas directamente el papel a reprografía y te hacían tantas copias como necesitaras de unas páginas que ni eran las originales y a veces costaba entender debido a todas las manos por la que pasaron antes. Se escuchan también rumores de esos que llamaremos buenos samaritanos que, si no podías ir a clase, cogían papel de calco y, mientras ellos tomaban sus propios apuntes, te sacaban una copia de su puño y letra al momento. Entre las ya conocidas “chuletas” y estas prácticas, no se puede obviar la capacidad inventiva de los estudiantes.

Volviendo al presente, ha llegado un momento en el que lo que antes te llegaba por la bondad de algunos o los contactos de otros, ahora se ha convertido en un negocio. Antes invitabas a una cerveza a ese buen compañero por el favor de pasarte unos apuntes, ahora te metes en una plataforma en la que, si quieres descargarte sin publicidad uno de los más de cuatro millones de apuntes que tienen disponibles, deberás pagar una cuantía a dicha plataforma. Eso es. En la entrada de hoy hablamos de Wuolah.

Y LOS DERECHOS DE AUTOR, ¿QUÉ?

Obviamente, no se puede pasar por alto el gran favor que hacen a muchos estudiantes: si subes apuntes, ganas dinero; si los descargas, obtienes material adicional para entender mejor una clase o completar ciertos puntos que no te dio tiempo a añadir a tus resúmenes. Pero como todo avance, hay aspectos negativos que se deben considerar, y uno de ellos se basa en las leyes de propiedad intelectual vigentes.

Mientras que hay alumnos que usan como base los apuntes facilitados por los profesores y las clases para elaborar unos documentos propios y personales (siendo ellos sueños de ese contenido y pudiendo compartirlos con quienes gusten), hay usuarios de Wuolah que directamente suben las presentaciones íntegras y sin variaciones de los docentes. En este último punto se encuentra el problema: hay gente lucrándose, económicamente hablando, del trabajo de otros (con el efecto colateral en ambos casos del ya conocido absentismo en las aulas).

Según el jefe del departamento jurídico de Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos) dice que puede existir una infracción contra la propiedad intelectual ya que el profesor se considera autor de esos documentos. Hay que poner un inciso en que esto ocurre siempre y cuando los docentes expliquen “[…] de una manera novedosa ciertos aspectos de la asignatura, como si un profesor de Derecho Romano se inventa una historia para explicar las instituciones que había en Roma”, señalan desde el despacho de abogados Bird & Bird.

Diversas universidades españolas han recibido quejas de los docentes de sus centros debido a este tipo de prácticas por parte del alumnado y que no haya un marco legal más estricto y un procedimiento más sencillo ante estos hechos, ya que “Si quieres denunciar tienes que ir documento por documento, poner el nombre del archivo, la persona que lo ha subido… y lo quitan”, comenta en esta noticia una formadora de profesores de Inglés de la Universidad de Sevilla.

Los creadores de Wuolah admiten que este tipo de prácticas, aunque minoritarias, causan un problema y están comprometidos a eliminar cualquier archivo que no cumpla con las normas Normas de Copyright de su plataforma. En ellas, aparte de aclarar cómo realizar una denuncia por infringir la propiedad intelectual, encontramos una entrada de qué documentos no se pueden subir (cuadernos de ejercicios, manuales universitarios, archivos originales del Campus Virtual sin previa cesión de derechos o más de uno o dos capítulos de un libro, entre otros) y qué es lo que pasa por infringir esas normas (desde que se te quite el dinero ganado por esas subidas hasta eliminación de la cuenta).

LO IMPRESCINDIBLE ES DAR SOLUCIONES

Hace unos años, antes de que el último libro de Harry Potter fuese publicado, circuló en internet la obra completa debido a una ruptura en la cadena de custodia de la misma, fallo que alguien aprovechó tomando fotografías de todas sus páginas que luego fueron filtradas y publicadas. Este acto se vio y se ve como el robo de la propiedad intelectual de la escritora y como algo ilegal, ¿por qué en los casos de apuntes y recursos realizados por los docentes no se percibe de la misma manera?

A fin de cuentas, Wuolah es una plataforma con gran valor ya que proporciona a sus usuarios la posibilidad de compartir entre ellos los conocimientos adquiridos en universidades de todo el país, fomentando un espíritu de comunidad y ayuda. Pero, si estas bondades se ven opacadas por los diversos casos, denuncias y malestar de los profesores que ven no solo cómo sus alumnos y la propia plataforma se enriquecen con algo ideado y desarrollado por ellos, puede llegar a ser percibida como un enemigo al que eliminar y no como una herramienta más al servicio de quienes la necesiten. Algunos de ellos admiten que ya ni siquiera les proporcionan a sus estudiantes los apuntes, pudiendo poner en riesgo el proceso de aprendizaje.

Este tipo de cuestiones se deben abordar mediante dos estrategias: la primera es poner en valor las creaciones de los autores, ya sean docentes o estudiantes, y la segunda es proporcionar soluciones que satisfagan a ambas partes a la hora de enfrentarse a casos en los que se infringe la propiedad intelectual de alguien.

La integración de servicios de marcado puede proporcionar una ayuda en esos procesos a los que hemos hecho mención, ligando la marca de la obra a la persona creadora y estableciendo su deseo de que esta se respete y no sea publicada por terceros (al menos sin su consentimiento). Con este método, las plataformas en las que pudiese aparecer dicha obra tendrían conocimiento de que alguien está intentando subir algo marcado y registrado a la misma y evitar que eso pasase, disminuyendo los casos y aumentando el prestigio y reputación de las mismas gracias a un visible compromiso con el respeto a las publicaciones ajenas.